Dani Salas

Dani Salas era hijo único, lo conocí a los 7 años en segundo grado del Colegio. Desde mi perspectiva, era muy tímido, no era buen deportista, y eso lo sacaba un poco del mapa de popularidad en los años de primaria.  Con el pasar de los años notamos que era bastante sobreprotegido por sus viejos, no tenía muchos amigos, pero tampoco era solitario. No se lo veía con ningún vínculo firme, estaba un poco con todos.

En la primaria, en el La Salle (cuando no era mixto) se hacía mucho deporte y los «buenos deportistas» eran los populares en el día a día. En los “fulbitos” a Dani lo mandábamos al arco.

Después, ya en la secundaria, y al mezclarse los cursos, hizo nuevos amigos y se fue haciendo arquero definitivamente. No atajaba mal, pero tampoco era un arquerazo. Lo que tenía como virtud es que se esforzaba al máximo en cada pelota. Sin tener talento, era dueño de una voluntad enorme para intentar evitar que le hicieran goles. Algo que mantuvo en el tiempo.

Como todos los que fuimos egresando del secundario, nos íbamos reencontrando en el Exa. Ahí jugamos juntos en el equipo de mi hermano mayor. Un equipo medio pelo llamado “Picapiedras”, que militaba en la C. Ese equipo era la filial B de “Los Pica” (del famoso goleador Pepe conde) y fue nuestra puerta de entrada al Exa.”.

Por Picapiedras también pasaron, el Pela Raimondo, Javi Berlanga y creo que la Araña Boca. Con ese grupo de chicos, más adelante, abandonaríamos Picapiedras y nos meteríamos en un proyecto más serio. Sumaríamos a figuras como el Gitano Ramundo, Leo Mastromano y Enzo Musitelli, entre otros, y le pondríamos de nombre Barrilete Cósmico.

El arquero de Barrilete en la Primera D fue Dani Salas. Salimos campeones sin perder ni empatar un solo partido. La idea era que Dani ataje al principio y, luego, mientras subíamos de categorías, el arquero iba a ser la Araña. (quien jugaba de «jugador» ese primer torneo en el ascenso).

Ya en la C a la Araña lo mandamos al arco porque necesitábamos tener un mejor arquero para encarar lo que se venía. Hasta ese entonces con Dani nos alcanzaba, pero sabíamos, que no era lo que el proyecto que teníamos en mente requería.

Cuando se lo comunicamos a Dani no le cayó bien.

No pidió explicaciones, no quiso abrir el tema ni discutir. Aceptó la decisión y recuerdo que se fue sin saludar.  Nunca nos dijo nada, porque Dani nunca hablaba de sus sentimientos ni de lo que le pasaba. Era algo que ya tenía incorporado desde chiquito, como esa voluntad enorme para evitar que le metieran goles que mencioné antes.

Lo sacamos de la titularidad siendo campeones invictos, le avisamos cuando ya habíamos tomado la decisión, una decisión que nunca consultamos con él, se la impusimos. Y si lo escribo hoy acá es para hacer catarsis de algo que ocurrió hace 19 años y que nunca dejé de sentirme mal por eso. Una gran desprolijidad propia de la juventud. Le pedimos disculpas más adelante y las cosas se arreglaron. Pero estas cosas quedan grabadas.

Aún con esa mancha que tuvimos para con él, Dani siempre fue una rueda de auxilio. Se quedó de arquero suplente un año y pico más. Nunca faltó a un amistoso, nunca dijo que NO cuando La Araña no podía venir a atajar.

Esa personalidad, esa lealtad de “pibe de fierro” también la mantuvo en el tiempo, junto a esa voluntad de matarse para que la pelota no entre al arco que mencioné antes, o ese hermetismo que nunca pudimos abrir, en más de 30 años. Dani estaba siempre, pero era muy muy difícil llegar a ciertos niveles de profundidad en una charla. La única forma de conectar con él era adentro de una cancha. Afuera pasaban muy pocas cosas que alimentaran la relación. Al menos con nosotros, sus amigos desde la primaria.

Y acá es donde comienza lo más lindo de ese chico tímido y con poca popularidad. Porque en el Exa no sobran los arqueros, y él ya era conocido por atajar en Barrilete, el equipo de jóvenes que venía comiéndose a todos los equipos que se le metían en el camino. Así que lo empezaron a llamar de todos lados para atajar. Fue atajando en varios equipos. A Dani le costaba mucho relacionarse, pero el Exa no le pidió permiso y lo obligó a romper con eso. Si bien era un tipo muy cerrado, se terminó sumando a muchos grupos y atajó en varios equipos grandes del Exa y del Exa semanal.

Borussia, Padilla, Sir Tongo, Básicos. Y volvió a Barrilete más de 10 años después, cuando lo necesitamos nuevamente.

Me acuerdo de sus picos de efusividad luego de un triunfo en un partido por los puntos. Si ganábamos, se le iba un poco la timidez, se le inflaba el pecho, sonreía, te sacaba charla, se quedaba un rato más de lo normal…y a su vez, era como un nene de 10 años queriendo expresarse con pocos recursos en cuanto a las palabras. Ni hablar cuando salimos campeones con Barri, o también cuando campeonó en la senior con Sir Tongo. Esa foto de él con la copa que ilustra la nota lo dice todo. Su expresión es hermosa. Para los que lo conocimos sabemos que el tipo ahí se sentía feliz. Su momento de apertura para expresarse se daba en esos picos.

Le gustaba estar siempre. Vos lo llamabas un viernes a las 11 de la noche y le decías, «Dani necesito un arquero mañana a las 9 de la mañana porque se me bajó el que venía a atajar». – “dale”, te decía…, – “me acomodo y voy de una”.  Caía sobre la hora, siempre apurado, a medio vestir.  Atajaba dejando todo, en el partido más pedorro o en el partido más picante. Se revolcaba y defendía el arco con una actitud tremenda, volaba para todos lados. Después te contaba los billetes, te dejaba la plata y se iba rápido. – «Dani, gracias por venir, ¡quedáte a tomar algo!». – “no, me tengo que ir, me tengo que ir”. “Avisame el próximo partido y estoy». Y se iba como había llegado… Y decías, mirá todo el esfuerzo que hizo para venir, la garra que le puso y después no se queda ni a charlar…

Con el tiempo, se fue soltando un poco más, empezó a ser un tipo un poquito más sociable, el EXA lo ayudó mucho en ese sentido.

La pandemia hizo que nos dejemos de ver. Sin El Exa perdimos el “semana a semana”.

Cuando abrieron la posibilidad de volver a hacer deportes lo llamé varias veces, para jugar amistosos y volver a entrar en ritmo, y ahí fue cuando empecé a recibir los primeros, “no puedo”.  O “Llamáme el próximo y estoy pero esta vez no puedo”. Hasta que le pregunté qué le pasaba. Y me dijo que se tenía que operar de “una boludez” que no le permitía jugar.  No quería largar más información que esa.

“Dame 2 meses y vuelvo”…fue la ante última vez….

A los 2 meses fue mi última llamada. Me insistió con que no le pasaba nada grave, pero que no podía. Y me agregó: “yo te aviso cuando pueda Nachito. Un abrazo”.

Pasaron cerca de 2 años y llegamos al miércoles 5/7/2023 con un texto de whatsapp con el peor mensaje que podes recibir. El aviso que Dani Salas había muerto, que estaba enfermo y nunca se lo quiso blanquear a nadie.

Comienzan los mensajes que te llegan de todos lados, de gente que lo conoció, que lo quería. Grupos de whatsapp con mensajes del que menos lo esperas hablando de Dani. Audios reenviados de diversas personas del Mundo Exa contando anécdotas o sintiendo tristeza. Y en todo ese movimiento, me doy cuenta de que todos conocíamos la misma versión de Dani. Hermético, de fierro y con una voluntad tremenda para defender los 3 palos. Buena persona, sin maldad y con un dejo de inocencia.

Me pone contento todo lo que hizo el EXA por él y sobre todo ver que Dani también dejó su huella. Ayer vi un video donde lo están entrevistando luego de salir campeones en la senior y me puse a llorar. Dani era de Barrilete, hizo la primaria con nosotros y verlo tan contento y con gente que conoció en el Exa, juntándose en una cena póst campeonato con nuevos amigos…no se… me estallé en un llanto y es difícil de explicar. Angustia y amor por una persona que no fue mi amigo pero que estuvo toda la vida cerca mío, cerca nuestro. Y siempre dejó todo para hacer lo mejor que podía, sin pedir nada a cambio.

Te vamos a extrañar Dani.

Nacho Eguía.

 

 

Un gran compañero, por Ale Fusco

 

Tener a alguien de compañero en un equipo de futbol con cierta regularidad te permite descubrir muchos aspectos de su idiosincrasia y personalidad. Es como un curso acelerado de esa relación.
Compartí cancha con Dani Salas los dos años previos a la pandemia en Básicos, un equipo histórico del Exa Semanal integrado por amigos como Chalo Jarque, El Uru Porras, Juro Juricich, Paul Apicella y Lucas Rocco entre otros. Fuimos campeones en el 2018 y cuando se fue el Uru, Mati Moyano convocó a un ex compañero de trabajo para cubrir el arco: Dani.
Enseguida se integró al grupo y lo que recuerdo es que vino SIEMPRE. Ni tenías que llamarlo, ya sabías que estaba y eso creo que sucedió en todos los equipos del Exa en el que jugó. Ahí lo pude conocer un poco mejor y disfrutar de algunos post partido con él. A fines del 2019 nos juntamos a despedir el año con los Básicos y creo que esa fue la última vez que lo vi. Después llegó la pandemia y la enfermedad que decidió soportarla en solitario. Hoy me toca jugar en Barrilete, equipo en el que no sólo jugó sino que están algunos de sus amigos de primaria, los que mejor lo conocieron. Durísima su despedida. Abrazo Dani, que hayas encontrado paz.
Ale Fusco

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